domingo, 18 de noviembre de 2007

Lineas sobre el NAFTA ( y ya de hace años)


Efectos del TLCAN [1]

Comercio exterior.
Las exportaciones mexicanas crecieron cerca de un 300% durante el TLCAN, principalmente en bienes manufacturados (ya no sólo en bienes primarios), y se tiene un superávit con respecto a EE. UU. Estos datos alimentan el mito de que México se ha convertido en una potencia exportadora gracias al TLC. Un análisis más minucioso deja ver una realidad bastante diferente:
Las empresas exportadoras son pocas y están desconectadas del resto de la economía, es decir, no tienen efecto de arrastre sobre sus cadenas productivas. Casi la mitad de las exportaciones son maquila que importan la casi totalidad de sus insumos.
Antes de la apertura comercial de 1982, las exportaciones manufacturadas tenían un contenido nacional de cerca del 90%, y si bien es cierto que el TLCAN no inicia la desintegración de las cadenas productivas mexicanas (el neoliberalismo, sí), las negociaciones del Tratado lo que hacen es favorecer y reforzar esta tendencia. Esto explica el aumento de las exportaciones sin crecimiento económico. Para superar este problema se necesita adoptar una política industrial bien definida, pero esa política industrial bien definida está fuertemente limitada por el Tratado, que deja todo a las fuerzas del mercado.
El otro dato presumido para avalar el éxito en materia de comercio exterior es el del superávit comercial con Estados Unidos, sin tomar en cuenta que este es ocasionado casi íntegramente por las maquiladoras y el petróleo. Sería el colmo que un país petrolero tuviese déficit comercial con su principal comprador de crudo. Además, gran parte de este comercio con Estados Unidos adquiere la forma del comercio intra firmas, se realiza entre los mismos corporativos estadounidenses y sus plantas ensambladoras en México. Estas exportaciones no han generado un crecimiento económico general, precisamente por su bajo contenido nacional, problema que se agrava y consolida con el TLC.

Inversión extranjera.
Las inversiones extranjeras tampoco han colaborado mucho al crecimiento de la economía y a generar empleos. Se han comprado empresas ya existentes y no nueva planta productiva (toda la banca, etc). La inversión extranjera se concentra en el sector exportador de manufactura, sin arrastre sobre el resto de la economía, y ha significado una pérdida neta de empleos (cinco de las seis firmas con más exportaciones del país pertenecen 100% a extranjeros).
Tampoco la inversión extranjera no ha colaborado en disminuir las enormes disparidades regionales, pues se concentra en la capital y en la zona fronteriza.
A cambio de estos nulos aportes al país, el TLC ha dado amplísimos derechos a los inversionistas extranjeros. Por ejemplo, el artículo 1110, que considera “expropiación de la ganancia esperada” con posibilidad de demandar al Estado por parte de los inversores ante cualquier medida que disminuya su ganancia.
Una apostilla respecto a esto es la peligrosidad que representa para todos el Capítulo 11 del Tratado (como señala la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio): la cláusula inversionista- estado le da a los inversionistas extranjeros el derecho de demandar a los gobiernos directamente una compensación por inmediatas o futuras pérdidas causadas por leyes de interés público. Este capítulo es una seria amenaza a la capacidad de los gobiernos en todos los niveles para aprobar leyes o adoptar políticas que sirvan al bien común, pues las Corporaciones que exigen daños amparadas por esta cláusula pueden llevar sus quejas directamente a tribunales especiales del TLCAN, cuyas audiencias usualmente son secretas y no tienen la obligación de permitir la participación de ciudadanos particulares, ONG’s, o siquiera de funcionarios gubernamentales locales.

Empleo.
Las negociaciones y promociones del TLC prometieron una creación de más empleos, gracias al sector exportador. Si bien los grandes exportadores y las maquiladoras han generado algunos empleos, se han perdido más entre los antiguos proveedores locales que los que se han producido.
De los 8 millones de empleos que se habían creado hasta 2003, la mayoría eran “malos empleos”, sin siquiera las prestaciones mínimas establecidas por la ley. Desde luego, esto no es causado exclusivamente por el TLC, pero el problema es que en la estrategia económica básica de los gobiernos mexicanos para generar empleo, este Tratado tiene un peso importantísimo.
Aún en el sector manufacturero que es el gran depositario de la inversión extranjera, y en el que se supone que se verían los beneficios del TLC, hay pérdidas de empleo netas cercanas al 10%.
Eso sí, aunque la productividad se ha visto incrementada, estos beneficios no han sido compartidos por los empleadores con los trabajadores.
Bajo las reglas de comercio e inversión del TLC, las condiciones se crean con el fin de que a las compañías se les facilite maximizar sus ganancias, pero sin ningún requisito para contribuir al desarrollo del país anfitrión.

El Sector agropecuario.
El impacto del TLCAN en este sector es el más dramático, más de lo que los críticos habían predicho durante las negociaciones. Las importaciones de productos tan básicos como maíz y de semillas oleaginosas ha aumentado en más de 10 millones de toneladas (hasta 2003). Estas importaciones han reemplazado a los productos nacionales, aumentado el desempleo rural, y provocaron que se ha perdido toda la seguridad alimenticia.
Las ventajas para los consumidores basadas en el acceso a productos importados más baratos resultaron falsas; hasta 2002, los precios de los bienes de la canasta básica aumentaron más del 250%.
Si en el comercio agropecuario entre EE. UU. y México siempre han existido grandes desigualdades, las reglas del TLC las obvian o las agravan: no se excluyeron los productos más sensibles, y hay una total falta de estipulaciones para defenderse del “dumping” que significan los subsidios agrícolas de Estados Unidos, particularmente la Ley Agrícola de 2002. Es precisamente este uno de los aspectos del Tratado que no tienen precedentes en el mundo.
El hecho de que haya millones de pequeños propietarios arruinados por este punto del TLCAN ha cristalizado en que la gran mayoría de los agricultores del país se hayan unido en el movimiento “El Campo No Aguanta Más (Arroyo Picard, 2003).
Y en palabras de Victor Soria:
“El resultado más negativo del TLC para la economía y la sociedad mexicana es el desastre agropecuario, en vista del desplome de la autosuficiencia alimenticia, que a principios de los años noventa satisfacía al 80 por ciento del consumo interno, y en 2000 solo cubría dos tercios. La importación de grano ha resultado en una caída significativa de los precios del maíz y trigo. El desastre agropecuario ha creado un agudo desempleo, la caída del nivel de bienestar y emigración de los campesinos a Estados Unidos” (Soria, 2004).

Migración.
Otra de las grandes promesas del TLCAN fue que menos gente tendría que abandonar el país en busca del “sueño americano”. La realidad, sin embargo, ha sido lo contrario. Las cifras muestran claramente que la migración no sólo no disminuyó, sino que aumentó (como también aumentaron las violaciones a los derechos humanos y laborales de los emigrantes).
El mas claro fracaso de la estrategia económica legalizada en el TLCAN es que las remesas enviadas por los migrantes mexicanos aumentaron en varios miles de millones de dólares y han constituido una de las más importantes fuentes de divisas. Las negociaciones para la firma del TLC se caracterizaron por su opacidad y su secreto. Aun así, cuando se preguntaba por la calle en 1993, una cantidad importante de ciudadanos se mostraban ingenuamente entusiastas respecto al Tratado, especialmente ante la posibilidad de que facilitara el libre tránsito de personas entre los tres países.[2] Que no era ese su objetivo está claro, pero la peor ironía es que el TLCAN ni siquiera logra la libre circulación de los dólares de los millones de mexicanos que dejan hogar y familia para conseguirlos en Estados Unidos y enviarlos a México. Las comisiones por envío de las remesas llegan al 20% aproximadamente del valor de dichos envíos. Nuestros migrantes no sólo sufren, sino que además son involuntariamente un gran negocio para el sector financiero.
De nuevo, en palabras de Soria:
“En cuanto a la migración, las predicciones sobre la eventual elevación de los salarios de los trabajadores no cualificados en México se y la de los trabajadores estadounidenses bajaría con la liberalización del comercio y la inversión, no se ha cumplido. La realidad muestra que los trabajadores no cualificados han seguido emigrando de manera creciente a Estados Unidos, por lo menos hasta el 11-S” (Soria, 2004).

Valoración de los efectos
El TLCAN no ha satisfecho los objetivos y las expectativas prometidas por sus promotores en cada uno de los países. No ha logrado siquiera un crecimiento económico significativo, menos uno estable, sostenido, y sustentable. Y ciertamente no ha traído justicia social. Incluso la baja tasa de crecimiento ha resultado en la degradación masiva de la ecología y el agotamiento de los recursos naturales. En lugar de crear más y mejores empleos, el TLCAN ha acelerado la desintegración de las cadenas de producción nacionales y la desnaturalización de la estructura productiva del país.
Ha habido pocos ganadores y muchos perdedores. El TLC ha creado unas cuantas islas de éxito económico (muy exitosas en cuanto a ganancias para sus dueños y sus inversionistas) pero la economía como un todo no ha logrado beneficiarse.

[1] Los datos sobre los efectos del TLCAN de este apartado los tomé de:
Arroyo Picard, A. (Ed.), Lecciones del TLCAN: el alto coste del libre comercio. Red Mexicana de acción frente al libre comercio. México. 2003
[2] Así lo manifestaba en un artículo de lo más escéptico para Foreign Affairs en1993, Jorge Castañeda G.

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