
Los diplomáticos mexicanos acreditados ante la RepúblicaEspañola (1931-1939), vieron congran simpatía y admiración al que consideraron el político más representativo de esa nueva época:don Manuel Azaña. Tanto en sus informes diplomáticos, en entrevistas concedidas en Españao en México, en artículos, ensayos y memorias expresaron su opinión sobre este hombre que cargaba, como Eneas, la República sobresus espaldas. Para los diplomáticos mexicanos, Azañaera el político de la más alta significación que jamás habíadado España en mucho tiempo.El levantamiento militar del18 de julio de 1936 cambió totalmente las cosas y acentuó elinterés de los embajadores mexicanos asignados en Españapor la figura de Azaña. Cuantas veces se presentó la oportunidad los diplomáticos mexicanos levantaron su voz en los diferentes foros internacionales, como la Sociedad de Naciones, para señalar que México defendía el gobierno del Presidente don Manuel Azaña por su legitimidad y legalidad. El gobierno deMéxico nunca creyó aquel cuento de que el gobierno de Azaña era rojo, enemigo de la cristiandad y de la civilización occidental. Para México el gobierno de Azaña eraun gobierno constitucional y legítimamente constituido.La conducta del gobiernodel presidente Lázaro Cárdenas y de sus diplomáticos, con respectoa la República Española, fues iempre en una sola dirección sin ambages ni dobleces. La solidaridad que México le brindó tampoco estuvo circunscrita al periodo de la guerra civil. Su conducta la llevó hasta sus últimas consecuencias, siguiendo con especial atención el destino de miles de republicanos españoles y el de su presidente, don Manuel Azaña. De julio de 1936 a febrerode 1939, los embajadores deMéxico en España acompañaron a Azaña en su peregrinaje por supropia patria y, poco tiempo después, en su exilio, en Francia. Y durante más de veinte meses que vivió en ese país, de febrero de 1939 a noviembre de 1940, Azaña siempre se vio acompañado por los diplomáticos mexicanos,inclusive, hasta su última morada, en Montouban, cubierto con la bandera de México. He aquí esa breve historia de la vida de Azaña en Francia que enorgullece y enaltece a la diplomaciamexicana.
Al tema, la frase famosa del ministro mexicano Rodríguez es la respuesta que le da al Prefecto francés cuando este intenta prohibirle, primero que se le guarde luto a Manuel Azaña ( el diplomático mexicano se niega), y segundo, que le cubran con el pabellón de la República Española ( el francés quería que lo hicieran con la bandera de la España franquista).Nuestro hombre en Montauban ( Rodríguez) le responde al prefectillo con gallardía:" Está bien, lo cubrirá la banderade México; para nosotros será unprivilegio; para los republicanosuna esperanza y para ustedes unadolorosa lección”Esto me lo contó un profesor en Barcelona y no me lo creía del todo. Anduve pendejeando en internet buscándolo y he ahi que encontré un artículo entero sobre el suceso. Las citas son de ahi, naturalmente. El link es el siguiente ( 21pp.)

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