domingo, 18 de noviembre de 2007

La forma es fondo...

... en política, como decía Reyes-Heroles ( ¿por qué nunca fue candidato a la Presidencia ese wey?)
Otra vez hablando de los "discursos", de las "narrativas", del lenguaje en la política.
Sin embargo, citando un artículo del profesor mexicano Saldaña Rodríguez publicado en Metapolítica sobre las crisis de la Ciencia Política nos daremos cuenta de lo poco baladíes que son las aportaciones en este campo de las ciencias sociales:
“En la tercera está la lucha (de la Ciencia Política) con el discursivismo. En este territorio lo mismo yace la lingüística (indispensable en el análisis político), la semiótica, la fenomenología y otras ramas que lo mismo conectan a la filosofía clásica que a la descontructivista. A últimas fechas, la ciencia política llegó a trabajar de una manera tan unida con la lingüística que, para algunos la primera se hizo ramificación de la segunda.
Una vez que los pendones y las pancartas comienzan a llenar calles y vecindarios, la lingüística y el análisis político cubren- otra vez- a la ciencia política con un espeso humo: la confusión que, a simple vista, producen los herramentales cuando se dislocan de las metodologías y éstas, a su vez, de los aparatos teóricos periféricos, el rizoma del ethos político, pues”.

Aunque el carácter de la política- especialmente ahora- no puede explicarse totalmente mediante análisis semióticos o lingüisticos, está clarísimo que la palabra es un poderoso instrumento de la que, para Aristóteles, era la “ciencia arquitectónica”. El poder de dar nombre a las cosas es un poder enorme. Como decía Wittgentein, los límites de mi lengua son los límites de mi mundo, es decir, de la representación que soy capaz de tener del mundo. Este poder deviene un poder subterráneo y previo a la acción misma de pensar, y por tanto es una coacción previa y de posibilidades terribles. Lo que no se nombra no existe. Y la manera en que se narra el poder en cada sociedad es importantísima.

Bla, bla, bla

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